Miércoles, 25 de Mayo 2022

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Un invitado distinguido

Por: Martín Casillas de Alba

Un invitado distinguido

Un invitado distinguido

En 1980 invitamos al keniano Richard E. Leakey para que presentara su libro Charles Darwin. El origen de las especies. Ilustrado. Versión abreviada e introducción de Richard E. Leakey en mayo del año siguiente, en dos presentaciones publicadas por el Conacyt. En la introducción Leakey anota que “la primera edición completa del original escrito por Darwin se agotó el mismo día que apareció el 24 de octubre de 1859”, creo que, entre ésta y otras consideraciones, el doctor Edmundo Flores, director general del Conacyt durante ese sexenio, decidió publicarlo y que fuese Martín Casillas Editores el encargado de hacerlo con la traducción de Guadalupe Meléndez. 

En octubre de 1980, después de haber estado bien acompañado en la Feria del Libro de Frankfurt, hicimos una escala en Londres para confirmar las fechas del viaje de Leakey a México, una vez que estuviera circulando su libro para que lo presentara en la UNAM y en el IPN.

“Un punto de inflexión sucedió en un vuelo que hizo Leakey en 1967, cuando vio las orillas rocosas del lago Turkana en Kenia y, tuvo la sensación de que en esa zona podría estar un tesoro de fósiles. Estaba en lo correcto. Leakey y su “banda de homínidos” kenianos entrenados por él y su familia, hicieron varios descubrimientos de primera, influenciados tanto por su entusiasmo como por el deseo de aclarar los misterios de la evolución en África Oriental.”

Cuando llegamos a las oficinas del director de The Rainbird Publishing Co., en Londres, a quien le habíamos comprado los derechos para la versión en español, ya estábamos a finales de octubre y hacía un frío que pelaba y por supuesto, llovía. En cuanto llegamos, nos pasaron a su oficina que estaba calientita con la chimenea prendida y, al centro, un juego de té. Cuando entró nos preguntó a quemarropa: “¿Qué demonios hacen aquí?”, con lo que nos quedamos helados. Se me olvidaba el sentido del humor de los ingleses: ¡claro!, qué demonios estábamos haciendo ahí con ese clima, en lugar de estar en Guadalajara o en Chapala o en alguna de las playas de México.

“Uno de sus hallazgos más célebres que realizó Leakey fue en 1984 cuando ayudó a desenterrar el Turkana Boy, un esqueleto de 1.6 millones de años de un Homo erectus macho joven. El otro era un cráneo llamado 1470, encontrado en 1972, que amplió el conocimiento de esa especie, varios millones de años más en el pasado.”

En mayo del 81 fuimos al aeropuerto para recogerlo tanto el Dr. Flores, como Sandy, la asistente de Leakey que había llegado unos días antes para checar que todo estuviera bien, y yo. En el camino me disculpaba con el invitado por los atorones de tráfico en el Viaducto, la contaminación, los claxonazos, los traga fuegos y los limosneros que, desesperados, pedían su caridad acercándose a la ventana. Leaky me tranquilizó: “no se preocupe, no soy inglés, soy keniano. Allá no usamos desodorante, ni perfume, por eso, reconocemos el estado de ánimo de quien nos visita. No se preocupe, esto no tiene importancia”. Y yo me pregunté ¿me habrá olido a vergüenza ajena?

“Richard E. Leakey fue mentor de docenas de africanos en diversos campos y jugó un papel clave en la manera de darle forma a la visión del mundo sobre el lugar que ocupaba África en la historia de la evolución humana”.

Tomé nota de esto que aseguraba Darwin y que nos puede interesar: “en las especies, el que sobrevive no es el más fuerte ni el más inteligente, sino aquel que responde mejor al cambio”.

El pasado domingo 2 de enero murió Richard E. Leakey a los 77 años de edad en Nairobi. Por eso recordé a ese invitado distinguido, cuando vino el paleontólogo, arqueólogo y ecologista keniano quien, durante su estancia, prodigó el entusiasmo por lo que hacía y su buen sentido del humor con el que nos ganó a toda esta otra banda de homínidos editoriales.

malba99@yahoo.com

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