Sábado, 05 de Diciembre2020

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Rebrote, repunte y negligencia

Por: Diego Petersen

Rebrote, repunte y negligencia

Rebrote, repunte y negligencia

Hay indicios de rebrote, dice López-Gatell. No hay rebrote, dice el presidente. No es rebrote es repunte, dicen los expertos, pues nunca logramos realmente bajar el número de contagios. Vamos bien, dice el gobierno federal. Nosotros lo hicimos mejor, dicen los gobernadores de la Alianza Federalista hoy metidos hasta el cuello en un repunte de contagios en Chihuahua, Nuevo León, Aguascalientes y Jalisco.

Lo sabíamos: el peor riesgo para la salud de los mexicanos era el contagio ideológico en el manejo de la pandemia. Sucedió. La falta de coordinación del Gobierno Federal con los estatales y el uso de la pandemia como ariete de golpeo entre unos y otros terminó dándole la razón a ninguno. Los que decían, de uno y otro lado, que sí sabían cómo hacerlo hoy no saben cómo explicarlo. Enfrascados en la pugna ideológica hicieron justo lo que no se debe hacer: dejar hueco en la comunicación y generar confusión en la población.

El escenario catastrófico ya quedó atrás: los 60 mil muertos que el propio López-Gatell estableció como el peor escenario para México, ya fue superado en 50 por ciento y lo más probable es que antes de que termine el año hayamos alcanzado el escenario doblemente catastrófico, es decir los 120 mil fallecimientos registrados por COVID-19. ¿Quién se hace responsable de ello? ¿Se pudo haber evitado un buen número de muertes?

Enfrascados en la pugna ideológica hicieron justo lo que no se debe hacer: dejar hueco en la comunicación y generar confusión en la población. 

Podemos estar seguros de que nadie se hará responsable. En este país la cultura de la responsabilidad política no existe. Si viviéramos en un lugar normal el jefe del Ejecutivo y el mismo Legislativo habrían llamado cuentas a los responsables de la política que hizo sus cálculos de entre seis y 20 mil muertes y les habrían pedido su renuncia, pero está claro que nadie va a renunciar por haber diseñado una política de salud que resultó absolutamente fallida. Se pudieron haber evitado muchas muertes si hubieran existido políticas claras y contundentes que implicaban, sí, uso de la fuerza del Estado para imponer límites a la movilidad y obligaciones de uso de tapabocas, distanciamiento social, etcétera, con el impacto político que ello tiene nadie lo quiere pagar. El presidente prefirió su popularidad, que sigue a tope, que tomar medidas más severas para evitar muertes que también siguen a tope.

Algunos gobernadores, entre ellos el de Jalisco, optaron por lo que ellos dijeron era una política distinta, pero sólo de dientes para afuera: nunca se atrevieron a tomar medidas más estrictas en la parte fundamental, se aplicaron los mismos no criterios de autoridad de la Federación sólo con un discurso distinto.

A estas alturas del partido da igual si le llamamos rebrote o repunte. Lo único cierto es que estamos donde estamos porque los mexicanos relajamos las medidas de contención, pero sobre todo por la negligencia de las autoridades al tomar las decisiones que tenían que tomar.

diego.petersen@informador.com.mx

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