Domingo, 29 de Noviembre2020

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Guerra de consultas

Por: Diego Petersen

Guerra de consultas

Guerra de consultas

Parece que ahora sí los diez gobernadores rebeldes pegaron en blandito, atinaron justo ahí donde le duele al presidente, un gancho al hígado de esos que ablandan al oponente. Y no, no es que López Obrador se haya ablandado, pero se le ve enojado, molesto, reaccionando a un tema que él puso sobre la mesa. Más allá de la pachanga de las consultas sobre si seguir o no en el pacto federal, el planteamiento de los gobernadores hizo efecto en la mañanera justo porque le respondieron al presidente con su misma moneda: actitudes bravuconas y consultas a modo.

Difícilmente los estados rebeldes verán un peso más en el presupuesto, más aún, es probable que se vean castigados allá donde el presidente y los diputados de Morena puedan meter mano, pero el golpe político está dado, por primera vez en el sexenio López Obrador está a la defensiva. El error del presidente fue proponerles las consultas, pues en la práctica lo que hizo fue darles “licencia” para grillar, una excelente excusa para atizar el fuego.

Si bien políticamente esta guerra de “consultazos” puede generar una necesaria discusión sobre el federalismo, corre también el riesgo de exacerbar los regionalismos y el racismo. Los estados en rebeldía, todos en el norte y occidente del país, no sólo son los que menos apoyan la idea de la Cuarta Transformación y el gobierno de López Obrador, sino que tienen características sociodemográficas similares. Salvo Michoacán, cuya población indígena es poco más de uno de cada cuatro habitantes, y Colima, que tiene uno de cada cinco, el resto de los estados están entre los de menos población de pueblos originarios y existe en ellos un mal entendido orgullo criollo. 

El error del presidente fue proponerles las consultas, pues en la práctica lo que hizo fue darles “licencia” para grillar, una excelente excusa para atizar el fuego

Los chistes separatistas, que están a la orden del día, dejan ya ver un trasfondo discriminatorio que puede exacerbarse fácilmente y salirse de control para convertirse en discursos clasistas, racistas y xenófobos. Uno de los imperativos con los que se eligió a López Obrador fue una distribución del presupuesto que favoreciera a los estados del sur, pues vivimos en un país que marcha a dos velocidades distintas, lo que ha ido abriendo cada día más la brecha entre uno y otro polo, generando desigualdades. Lo que falla, una vez más, al gobierno de Morena no es el diagnóstico sino la operación. La forma en que el presidente se relaciona con los gobernadores, la imposición de decisiones absurdas o al menos poco convincentes y la polarización como estrategia política nos tienen hoy con el país partido en dos. 

Como estrategia electoral de corto plazo, desde uno y otro lado, la confrontación puede tener sentido; para el desarrollo del país, a mediano y largo plazo, exacerbar las diferencias y los rencores no es para nada una buena idea.

diego.petersen@informador.com.mx

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