Sábado, 28 de Mayo 2022

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AMLO: el poder como posesión personal

Por: Jorge O. Navarro

AMLO: el poder como posesión personal

AMLO: el poder como posesión personal

Uno de los aspectos más apasionantes en el análisis del poder y su ejercicio, es cómo termina el período de influencia de quien lo ostenta y lo ejerce.

Y consecuentemente, es tan apasionante o más, analizar cómo ese poder cambia de manos.

Conservar el poder, transferirlo en conveniencia con el grupo político al que se pertenece (o la dinastía, en tiempos ¿pasados?) y ejercerlo, han sido ejercicios clásicos de reflexión. Entre los analistas más conocidos en esta tarea se puede mencionar a  Maquiavelo, Sun Tzu, Duverger, o Sartori, entre antiguos y modernos.

Apasionante y todo, el tema del poder y su transmisión, ha sido reducido en las democracias modernas gracias a los límites legales establecidos y las instituciones que se encargan de resguardarlo.

México no es, por fortuna, la excepción a esto. La Constitución regula con claridad los mecanismos de acceso al poder, la forma como éste debe ejercerse y el tiempo limitado con que cuentan los titulares del poder, particularmente el Ejecutivo, en la federación, estados y municipios.

Además, el artículo 84 constitucional, fija qué procede si por alguna causa, el Presidente de la república muere o queda impedido definitivamente para ejercer su cargo. Establece quién asume el cargo de manera temporal y cómo es que el Poder Legislativo debe seguir un puntual procedimiento para determinar un nuevo proceso electoral o quién (con el voto de los legisladores) será el nuevo Presidente que concluirá el período de gobierno.

Por todo lo anterior, sorprendió el Presidente Andrés Manuel López Obrador el fin de semana, al anunciar que elaboró un testamento político para mantener la estabilidad y darle continuidad a la “transformación” del país, si él llega a perder la vida.

El Presidente se sometió a un cateterismo. En un video que apareció en sus espacios de redes sociales, él mismo afirmó que todo resultó bien y que la intervención médica había sido proyectada con anticipación debido a sus padecimientos cardiacos, pero se postergó por su segundo contagio de Covid. Sin embargo, el anuncio fue una sorpresa para todos.

¿Qué tan peligroso fue el tratamiento? ¿Cómo se encuentra la salud del Presidente del país? ¿Está en plenitud de facultades para tomar decisiones que impactan en la vida de los mexicanos? ¿A qué se refiere con un “testamento político” si esa figura es inexistente en el marco legal? ¿Quién o quiénes son los beneficiarios de su voluntad?

Las anteriores son apenas algunas de las muchas preguntas que se deducen de lo ocurrido. El Presidente López Obrador, como cualquiera puede tener padecimientos de salud. Pero no puede ocultarlos, y menos si está en riesgo el ejercicio del poder que recae en su persona.

Además, tienen validez los reclamos que se hacen en el sentido de que no ha sido responsable con su comportamiento en la pandemia de COVID-19, no solo por no utilizar cubrebocas, sino por mantener reuniones públicas y masivas a pesar del riesgo de contagio, que para él es más grave debido a sus padecimientos previos.

Y encima, su visión de la transmisión del poder es una clara señal de su sentido personal del poder como una posesión personal que puede transmitir.

Salud para el Presidente, plena y franca hasta que concluya su período. Pero ojalá termine ya el sexenio que pone en riesgo las leyes y las instituciones.

jonasn80@gmail.com / @JonasJAL

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